Ejercicios de Kegel: cómo se hacen bien y cuándo NO deberías hacerlos

Si has buscado algo sobre suelo pélvico, te han aparecido: los ejercicios de Kegel. Están en todas partes, se recomiendan para todo, y parecen la solución universal.

La realidad es más interesante: bien indicados y bien hechos, son uno de los tratamientos con mejor evidencia de toda la fisioterapia. Mal indicados o mal hechos, son inútiles — y en algunos casos, contraproducentes. Este artículo va de esa diferencia.

Qué son (y de dónde vienen)

Deben su nombre a Arnold Kegel, el ginecólogo que en los años 40 sistematizó el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico para la incontinencia. En esencia: contracciones voluntarias y repetidas de la musculatura que cierra la uretra, la vagina y el ano, para ganar fuerza, resistencia y coordinación.

Como cualquier entrenamiento muscular, funcionan si el músculo necesita fortalecerse, si la técnica es correcta y si la dosis es suficiente. Tres condiciones. Fallar cualquiera de las tres explica la frase más repetida en consulta: «yo hago Kegels y no me sirven de nada».

Primera condición: que estén indicados

Aquí está el error más grave del «Kegels para todo». El suelo pélvico puede fallar de dos maneras opuestas:

Por debilidad (hipotonía). Músculo que no cierra ni sostiene lo suficiente. Es el escenario típico de la incontinencia de esfuerzo y de muchos posparto. Aquí los Kegels son el tratamiento estrella.

Por exceso de tensión (hipertonía). Músculo agarrotado, acortado, que no se relaja. Es el escenario habitual del dolor en las relaciones, el vaginismo y buena parte del dolor pélvico. Aquí contraer más un músculo que no sabe soltarse empeora el problema. Lo que necesita ese suelo pélvico es primero aprender a relajarse.

Desde fuera, ambos escenarios pueden dar síntomas parecidos (incluso escapes). Por eso el paso previo a cualquier pauta es una valoración profesional. Sin ella, hacer Kegels es medicarse sin diagnóstico.

Segunda condición: la técnica

Los estudios son tozudos en esto: en torno a una de cada tres o cuatro mujeres no contrae correctamente el suelo pélvico con una simple instrucción verbal. Los errores clásicos:

  • Empujar hacia fuera en lugar de contraer hacia dentro y arriba. Es el peor: entrena justo lo contrario.
  • Apretar glúteos, aductores o abdominales mientras el suelo pélvico no hace nada.
  • Aguantar la respiración en cada contracción.

La sensación correcta, descrita en versión rápida: como si quisieras cortar el pis y retener un gas a la vez, notando que la zona se cierra y asciende ligeramente — y después, igual de importante, que se suelta del todo. La relajación completa entre contracciones es la mitad del ejercicio que casi nadie cuenta.

(Y la aclaración obligada: cortar el pis sirve como referencia puntual para localizar la musculatura, no como ejercicio. Hacerlo habitualmente al orinar altera el reflejo de vaciado.)

Tercera condición: la dosis

Un músculo no se fortalece con tres apretones al azar en el semáforo. Las pautas con respaldo se parecen a esto: series de 8-12 contracciones mantenidas unos segundos, con su descanso, unas tres veces al día, durante al menos tres meses — y con progresión, como en el gimnasio. La pauta concreta (segundos, series, posiciones, progresión al esfuerzo y al impacto) debe salir de tu valoración.

Un truco con nombre propio que sí puedes quedarte desde ya si tienes escapes al toser o estornudar: la contracción previa («the knack»): contraer el suelo pélvico justo antes del esfuerzo. Entrenado, reduce escapes de forma medible.

¿Y las bolas chinas y los aparatitos?

El mercado está lleno: bolas, conos, electroestimuladores caseros, apps con dispositivo. Resumen honesto: ninguno sustituye a la valoración ni al entrenamiento activo, algunos pueden ser complementos razonables en casos concretos indicados por tu fisioterapeuta, y comprarlos a ciegas es tirar el dinero en el mejor de los casos — y empeorar una hipertonía en el peor. Primero valoración, luego, si acaso, gadgets.

En resumen

Los Kegels no son buenos ni malos: son una herramienta potente con indicación, técnica y dosis. Exactamente igual que un fármaco. Y como con un fármaco, lo sensato no es tomarlos «porque se los recomendaron a todo el mundo», sino saber si son para ti y aprender a usarlos bien. Eso lo responde una valoración de 45 minutos.

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Contenido revisado por un fisioterapeuta colegiado (Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, nº 14.810). Esta información es de carácter general y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si tienes síntomas, consulta con un profesional.

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